El amor en la pareja solo es viable si se mantiene la libertad individual, la igualdad y el respeto. El espacio de pareja debiera ser el idóneo para lograr el desarrollo máximo de cada individuo.

«Quiero amarte sin asfixiarte, apreciarte sin juzgarte, unirme a ti sin esclavizarte, invitarte sin exigirte. Dejarte sin sentirme culpable, criticarte sin herirte y ayudarte sin menospreciarte. Si puedo obtener lo mismo de ti, entonces podremos realmente encontrarnos y enriquecernos mutuamente» (Virginia Satir).

Una relación de pareja sana:

–    Implica dar y recibir a partes iguales.

–    Tiene que ser fácil; en ella tenemos que fluir. No debería ser una lucha.

–    Supone pensar en el otro y desear hacerle feliz, cuidarle, pero nunca si esto implica dejar de ser quienes somos. Es básico que cuando nos adaptemos al otro no sintamos que estamos dejando de ser nosotros mismos.

El amor nace de la convivencia, de compartir, de dar y recibir, de intereses mutuos, de sueños compartidos. Tú no debes amar a alguien que no te ama, o que no se interesa por ti. El amor verdadero es recíproco; recibes tanto como das.

Lo que hay que tener muy claro es que debemos aprender a estar bien solos; debemos saber estar a solas con nosotros mismos y sentirnos bien, tranquilos, a gusto. Si en un momento determinado decidimos elegir a otra persona para compartir nuestro día a día, tiene que ser porque con ella estamos igual o mejor que cuando estábamos solos.

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