La definición de hipocresía es el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.

En nuestra sociedad este fingimiento es muy frecuente. Sin embargo, es un término con una gran carga crítica, que normalmente utilizamos para hacer un juicio sobre una persona cuya conducta nos parece reprobable, juzgamos su ocultamiento como negativo y lo explicamos como un gesto de falsedad.

En ocasiones, cuando somos nosotros los que fingimos, solemos decir que es buena educación, buenas intenciones, deseo de no dañar la relación o incapacidad de actuar de otro modo, pero no lo vivimos como hipocresía. Es decir, utilizamos un doble rasero a la hora de valorar o juzgar nuestra conducta y la de los demás.

Podemos empezar a trabajar en la autenticidad con dos estrategias:

  • Aplicar la misma vara de medir a todo el mundo, adoptando la creencia de que las personas actúan haciendo las cosas lo mejor que saben. Nos preguntaremos entonces por la necesidad más profunda de quien consideramos hipócrita, conectaremos con su vulnerabilidad y podremos mostrarnos más compasivos en nuestros juicios.
  • Tomar conciencia de que cada vez que nosotros actuamos con hipocresía, dejamos de respetar nuestras propias necesidades, perdemos congruencia, y nos traicionamos a nosotros mismos. Es un atentado contra nuestra propia libertad, que resiente nuestra autoestima y aumenta nuestros sentimientos de rencor hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Vivir con autenticidad no es fácil en nuestra sociedad con todas sus convenciones sociales, sus deberías y lo que se espera de nosotros. Si añadimos el deseo de agradar, de sentirnos integrados y aceptados, es una tarea complicada que exige un alto nivel de autoconocimiento y autoconciencia.

La autenticidad es muy importante, ya que sin ella nos desconectamos de nosotros mismos. Para trabajarla, hemos de ampliar nuestra autoconciencia, reconectar con nuestro mundo interior, poner mucha atención y hacernos las preguntas necesarias para conocer nuestras necesidades más profundas, nuestros intereses, nuestros valores, aquello que es verdaderamente importante para nosotros.

Vivir con autenticidad supone elegir libremente lo que decidimos en cada momento, teniendo en cuenta el impacto que nuestras decisiones tiene sobre los demás, pero sin traicionarnos a nosotros mismos. Esta tarea exige un alto grado de compromiso con la coherencia, el respeto por uno mismo y las acciones que son consecuencia de todo esto.