La experiencia de la ira o la cólera es algo a lo que nos hemos enfrentado alguna vez todas las personas.

La ira comprende un conjunto relativamente complejo de conductas en el que están implicados pensamientos (interpretaciones), cambios fisiológicos y conductas motoras. Este conjunto de conductas se produce en respuesta, o al me-nos asociado, a algún suceso específico, no al azar.

Notamos que nos ponemos tensos y agitados, que tenemos unas sensaciones raras, no habituales, que perdemos en parte o casi completamente el control de nuestro comportamiento, que nuestros pensamientos se reducen a querer agredir a la persona que, a nuestro parecer, es la causante del conflicto, que incluso llevamos a cabo una serie de conductas en esta dirección… Y posteriormente aparece una sensación de malestar con uno mismo por haber perdido el control.

En algunos casos sí es esperable, justificable e incluso deseable que las personas expresen o muestren conductas de ira, lo que no quiere decir que se dejen controlar por ella ni que sea admisible cualquier conducta.

Sí es posible aprender a controlar nuestra ira, hacer que las situaciones no se adueñen de nosotros y nos “obliguen” a montar en cólera o a comportarnos de forma airada.

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